Constancia, ese bien tan deseado

¿Cómo es posible que nos cueste tanto conseguir la constancia si tenemos tan claros los objetivos que queremos alcanzar? Esta es una pregunta que nos hacemos con frecuencia, pero que pocas veces sabemos contestar.

Adquirir nuevos hábitos no es una tarea sencilla ni fácil de lograr. Adquirir nuevos hábitos supone principalmente incluir en nuestra rutina diaria acciones que antes no existían. No nos engañemos. A pesar de tener claro que las acciones que vamos a incluir en nuestra rutina son beneficiosas para nuestra salud, hacer que formen parte de nuestra forma de vida tiene un coste. No puedes pretender que estos nuevos hábitos se integren en tus rutinas de manera inminente. Hace falta trabajo y asimilación del proceso de cambio para poder llevarlo a cabo.

Constancia y hábitos saludables

En este contexto, uno de los recursos más comúnmente mencionados para justificar nuestra falta de constancia es la fuerza de voluntad. Evidentemente, uno no siempre dispone de fuerza de voluntad en cantidad suficiente. En ocasiones, los recursos se agotan. Sin embargo, eso no puede suponer una justificación para dejar de lado nuestros buenos propósitos en cuanto a la adquisición de nuevos hábitos.

Si tus reservas de fuerza de voluntad se han agotado, haz uso de la constancia.

Tienes que entender que hay ciertas acciones que son necesarias si no quieres perder de vista tus objetivos, a pesar de que la deseada fuerza de voluntad te haya abandonado momentáneamente.

Formar nuevos hábitos y rutinas y tener constancia es una decisión voluntaria, por lo tanto, no debes hacer uso de un recurso tan limitado como la fuerza de voluntad para hacer frente a esa decisión. Es cierto que la fuerza de voluntad va a ser tu aliada en innumerables ocasiones para llevar a cabo todas las acciones que tenías programadas en un momento determinado, pero no siempre va a poder ser el sustento de estas.

Es un hecho que la fuerza de voluntad se puede agotar. La constancia, sin embargo, es una virtud entrenada que nos permite realizar acciones a pesar de habernos levantado de la cama sintiendo que no estamos en nuestro mejor día.

La motivación ejerce sobre nosotros una influencia similar a la de la fuerza de voluntad. Unos días nos sentiremos plenos de ella, mientras que habrá días en los que la motivación será nula. La motivación es muy dependiente de nuestras emociones y estado de ánimo. Si nuestro estado de ánimo no está en su mejor momento, nuestra motivación se mantendrá bajo mínimos.

No debes depender de la fuerza de voluntad ni de la motivación para hacer frente al esfuerzo que supone un cambio de hábitos en tu estilo de vida.

Un cambio en tu estilo de vida necesita de un trabajo constante. Son muchos los factores que pueden intervenir para que ese trabajo te resulte más o menos sencillo. Pero sin constancia no hay cambio. Y sin cambio, no lograrás alcanzar tus objetivos.

Vamos a ponerte un ejemplo:

Si has decidido hacer 100 flexiones todos los días porque forman parte del reto que te has planteado, debes hacer esas flexiones independientemente de cuál sea tu estado de ánimo, tu motivación o tu fuerza de voluntad. Si estás motivado, debes hacerlas. Y si no lo estás, debes hacerlas también. [su_highlight]Lo único que te va a permitir alcanzar ese reto va a ser la constancia en tus acciones[/su_highlight]. El saber que si un solo día te saltas esas flexiones no vas a cumplir con el objetivo planteado te obliga a hacer uso de la constancia.

Reconócelo. En todas las dietas que has empezado, tu motivación estaba por las nubes. Creías que esa motivación te iba a llevar en volandas hacia tu objetivo.

Pero al cabo de unos días pudiste darte cuenta de que no es sencillo adquirir nuevos hábitos y mantenerlos en el tiempo. Hace falta algo más que motivación. Se necesita implicación, esfuerzo y constancia. ¡Menuda decepción! La motivación desaparece y comienzas a buscar excusas para acabar dejando de lado de nuevo esa dieta que con tanta motivación habías comenzado.

Piénsalo bien. Te emocionas cuando consigues bajar 3 kilos de peso la primera semana que empiezas una dieta. Qué subidón, ¿eh? Eso te recarga de motivación para seguir adelante. Pero ¿cuánto dura esa motivación? Unos días, quizás con suerte unas semanas.

Luego empieza a decaer porque tu día a día está repleto de estresores intentando boicotear tus acciones. Y ¿Qué vas a hacer? ¿Renunciar a todo el trabajo que ya habías realizado buscando excusas que te hagan creer que quizás ahora no es el mejor momento?

Constancia es la clave.

Sin ella nos encontraremos ante otra batalla perdida frente a esa dieta que habíamos comenzado. Sabemos que no es fácil, que no es un camino de rosas. Pero sí es posible. Ten en cuenta que perder 3 kilos en una semana es bastante menos que perder 250 gr semanales durante 24 semanas. Haz tus cuentas. Verás que la constancia va a permitir que todas las semanas obtengas resultados positivos.

Es importante que te plantees un objetivo alcanzable. Una vez que lo tengas, visualízalo. No lo pierdas de vista. Trabaja con constancia para alcanzarlo. Lograrás llegar a él. Y cuando lo consigas, estarás preparado/a para alcanzar nuevos retos.

Recuerda que cada paso que des suma. Cada paso te acerca un poco más a tu objetivo. Lo importante es no dejar de caminar. Quizás el día que estés pleno de motivación el paso sea más largo. El día que carezcas de ella, el paso será más corto. Pero la constancia no dejará que te detengas.

La constancia es la virtud por la cual las otras virtudes darán sus frutos.

Arturo Graf

¿Qué te ha parecido este contenido?

1 comentario en «Constancia, ese bien tan deseado»

  1. Interesante! ser constantes y no depender únicamente de la motivación es un gran paso para adquirir buenos hábitos de vida.

    Responder

Deja un comentario